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Lo que aprendimos al certificarnos como Empresa B
4 de septiembre de 2026 No hay comentarios

Sostenibilidad más allá del discurso: lo que aprendimos al certificarnos como Empresa B 

¿Cuántas de las acciones de sostenibilidad que comunicamos podrían sostenerse si mañana alguien nos pidiera demostrar, con evidencia, el impacto que realmente generan? Puede ser una pregunta incómoda, pero cada vez más necesaria. Durante muchos años, contar con una estrategia de sostenibilidad fue un elemento diferenciador para las empresas. Hoy, afortunadamente, empieza a dejar de serlo. 

En el Perú, el 87% de las empresas que participaron en la Consulta Empresarial de Sostenibilidad 2025 de Pacto Global de las Naciones Unidas afirmó contar con una estrategia o plan de sostenibilidad. Sin embargo, solo el 44% señaló medir sus resultados mediante indicadores concretos. 

Esta brecha dice mucho. Hemos avanzado enormemente en incorporar la sostenibilidad a la agenda empresarial, establecer compromisos y reportar buenas prácticas. Sin embargo, hoy el desafío es mayor. Tenemos que demostrar qué estas políticas realmente forman parte de la estrategia del negocio y no son solo acciones aisladas. 

Para quienes trabajamos en comunicación corporativa, esto también implica una evolución. Ya no debería bastarnos con construir una narrativa alineada a los Objetivos de Desarrollo Sostenible o identificar historias positivas para comunicar. También tenemos que empezar a hacernos preguntas más complejas: ¿Qué impacto busca generar esta acción?, ¿A quiénes beneficia?, ¿Podemos medirlo? Y, sobre todo, ¿lo que comunicamos es consistente con la manera en que opera la organización? 

Coherencia antes que narrativa 

En este contexto, la mirada de un tercero cobra cada vez más valor. Una verificación independiente no reemplaza una estrategia de sostenibilidad, pero sí nos obliga a contrastar lo que declaramos con criterios establecidos y datos verificables. Eso contribuye a ser más transparentes y, sobre todo, a generar confianza.  

El Global Investor Survey 2025 de PwC señala que las empresas que integran la sostenibilidad a su modelo de negocio y la respalden con métricas verificables estarán mejor posicionadas frente a los inversionistas. Un año antes, el mismo estudio señalaba que el 76% de los inversionistas confiaba más en la información de sostenibilidad cuando esta había sido sometida a aseguramiento externo. 

El mensaje es claro. No basta con decir que estamos comprometidos con la sostenibilidad, hay que dar un paso más y demostrarlo para generar confianza en nuestros Stakeholders. Esa reflexión estuvo también detrás del proceso que emprendimos en TOC Asociados para convertirnos en Empresa B. Como consultores que acompañamos a organizaciones de distintos sectores en sus estrategias de comunicación, consideramos que era una cuestión de coherencia. Debíamos estar dispuestos a someternos nosotros mismos a estándares como los que muchas veces ayudamos a promover. 

La Certificación de Sistema B evalúa de manera integral cómo una organización gestiona su impacto social, ambiental y de gobernanza, además de su relación con colaboradores, clientes, proveedores, comunidades y otros actores de su cadena de valor. 

Como comunicadora, uno de los principales aprendizajes fue empezar a mirar las estrategias desde otra perspectiva. Cuando desarrollamos una estrategia para la comunicación de una iniciativa social o ambiental, no solo importa cuánto alcance conseguimos o cuánta visibilidad generamos. También vale la pena preguntarnos quiénes son los beneficiarios, qué transformación busca generar la iniciativa y cómo podemos ayudar a que ese impacto sea cada vez más visible y medible. 

Puede parecer un cambio pequeño, pero no lo es. No es lo mismo comunicar una campaña contra la anemia que poder conocer cuántos niños realmente mejoraron sus indicadores. No es lo mismo hablar de inclusión laboral que entender cuántas personas que enfrentaban barreras accedieron a nuevas oportunidades. Tampoco es lo mismo comunicar una iniciativa ambiental que contar con datos sobre hectáreas recuperadas o emisiones evitadas. 

Ese aprendizaje, para mí, ha sido uno de los principales valores del proceso. Es un cambio sutil que no es tan fácil implementar de un día para otro. Pero, que nos hace tener una visión más integral de nuestro aporte a la sociedad. Nos acerca a las áreas de sostenibilidad, operaciones, recursos humanos y, especialmente, a quienes toman decisiones dentro del negocio. También nos hace incorporar nuevos indicadores de impacto junto con nuestros tradicionales KPI de alcance, posicionamiento o reputación.  

Hoy, en TOC, estamos muy orgullosos de formar parte de la comunidad de Empresas B. En el Perú ya son más de 90 organizaciones certificadas que buscan promover una forma diferente de hacer empresas, con el propósito integrado a su gestión. A nivel global, el movimiento reúne a más de 11 mil empresas en más de 100 países. 

Pero quizás el mayor valor del proceso no esté en el certificado que recibimos al final, sino en las preguntas que tuvimos que hacernos para llegar hasta allí.  

Luego de vivir este proceso, creo que como comunicadores tenemos que darle más peso al impacto directo en los beneficiarios: no debería ser un dato secundario, sino parte de cómo construimos la estrategia desde el inicio. Si lo logramos, la comunicación deja de ser solo una herramienta para visibilizar lo que hace una organización y se convierte también en una forma de movilizar, articular y ayudar a crear las condiciones para que ese impacto se sostenga y genere cambios concretos en su entorno.  

Cristina Guzmán, Directora de Comunicación y Crisis en TOC Asociados